El matrimonio. que antes era la principal forma de convivencia entre las parejas, hoy es poco apreciado por los heterosexuales y muy deseado por los homosexuales. Mientras muchos jóvenes en Chile optan por vivir juntos, simplemente, sin firmar papeles, otros luchan por comprometerse legalmente, para seguir adelante su vida en común y no se muestran conformes con que se les solucione el problema con disposiciones que sólo regularicen su situación patrimonial sino quieren el matrimonio en su totalidad. El fenómeno es muy complejo y algo curioso, como muchas cosas que pasan en Chile. Como diría Condorito: "Exijo una explicación".
A menudo se escucha decir a las parejas heterosexuales que conviven, especialmente a los hombres, que no se casan porque da lo mismo. Según ellos, nada cambia. Sin embargo, cuando toman la decisión, ante cualquier situación: Oye, perdona: estamos casados. Intimamente älgo ha cambiado, al firmar papeles. También, frente al mundo se sienten reconocidos por los demás, legitimados. No es lo mismo, para muchos, invitar a alguien con su pareja, que el día de mañana puede ser otra, que con su señora o marido "oficial" que se presume seguirá siendo el mismo por largo tiempo. Parece que no es lo mismo para muchas personas educadas en el mundo tradicional, presentar ante los demás a su pareja, que a su marido o mujer. Hay una diferencia muy finita que, especialmente las generaciones mayores, hacen entre uno y otro. Y esa diferencia muchos y muchas la sienten.
Tal vez sea esa sensación de compromiso para siempre, lo que algunos eviten. Quizás sea eso mismo, lo que otros deseen: ser reconocidos oficialmente como pareja y legitimados por la sociedad, en su decisión de vivir juntos porque se quieren. Posiblemente, más allá de las discusiones relativas al sexo de quienes desean ser llamados: matrimonio, se esconda una profunda sensación de legitimidad, de ser reconocidos por otros, de decir a todos que están unidos por amor, para el resto de su vida y que nada ni nadie los podrá separar, cosa que cada vez sucede con mayor frecuencia. Posiblemente, exista tras esta postura favorable o adversa al matrimonio, muchos temores, humanos, comprensibles, que requieren el acogimiento y el afecto de una curiosa sociedad, que trata de imponerse por ley a la decisión individual de las personas para regular una institución que no desean tener los que están autorizados para hacerlo y luchan por conseguir quienes no pueden alcanzarla.

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